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Enrique Grau Araújo
Publicado por: MUHCA

Enrique Grau Araújo (1920-2004) pintor y artista colombiano. Vivió en Cartagena hasta su adolescencia, hasta que se traslada a Bogotá pero siempre viajó con frecuencia por el río Magdalena, en el ferrocarril de la ruta Calamar – Cartagena.

Sus aptitudes como artista se desarrollaron en ese ambiente que vivió en su juventud junto con su abuela materna Concepción Jiménez de Araujo, una matrona de Cartagena que incursionaba con éxito en la pintura, en la escultura, en el periodismo y como escritora con el seudónimo de Mery Feith. De ella le quedó impreso en la sensibilidad el interés por la pintura y complementó su vocación con libros de pintura de los cuales comenzó a copiar obras maestras.

La fuerza de su pintura siempre fue el dibujo, a pesar de que su vida transcurrió en una constante bohemia, este pulso lo acompañó durante su carrera. Así, su vasta producción puede dividirse en dos amplios períodos. El primero va desde 1940 hasta comienzos de los años sesenta. Este resulta lleno de variedad y con varias fases estilísticas, y el interés naturalista de su obra se va debilitando cuando se aproxima al expresionismo y a la abstracción propia del cubismo. El segundo periodo va desde esos años hasta la actualidad.

En ese recorrido, para 1941 se gana el premio la Mulata, beca para estudiar pintura en Nueva York por un año; y participó en el primer salón de artistas colombianos en la capital en donde obtuvo una mención de honor. En 1945, viaja a Bogotá y realiza la primera exposición individual en la Biblioteca Nacional y decide radicarse en la altiplanicie; participa en el salón anual de artistas costeños y gana el primer premio con su obra SAUDADE premio que compartió con el maestro Alejandro Obregón. En los años siguiente, es profesor de dibujo, pintura y artes gráficas en la escuela de Bellas Artes en la Universidad Nacional.

En 1955, la Secretaría de Educación de Cartagena, le otorga una beca para especializarse en pintura al fresco en Florencia y se inscribe en la academia de San Marcos. Recorre las ciudades italianas en bicicleta, buscando familiarizarse y conocer las técnicas empleadas en pintura y bronce de algunos artistas del siglo XV. Este viaje por Europa lo realiza con curiosidad de arqueólogo, lo culmina con una travesía por Medio Oriente, principalmente en Egipto, de la cual se convierte en un erudito con vastos conocimientos en egiptología.

El segundo período es naturalista y en él la figura humana resulta su motivo predominante. Una figura que, en la mayoría de las ocasiones, es una mezcla de raza blanca, negra e indígena, y que se caracteriza por su desenfado y sensualidad. Con el óleo “La mulata cartagenera en el I Salón Nacional”, anticipa al Grau tardío de personajes en actitudes teatrales y rodeados de objetos, obtiene la primera mención honorífica.


En 1971, en una de sus constantes visitas a Cartagena, encontró en el Palacio de la Inquisición una colección de cuadros que representaban obras de algunos artistas latinoamericanos donados por la OEA. Con ellas, Grau decide organizar una muestra, la cual se convierte en la semilla del Museo de Arte Moderno, entidad que organiza y preside la junta directiva.

La obra con la cual Enrique Grau se mostrará como artista cartagenero la realiza en 1998. En nueve metros de diámetro y durante un período de dos años, realiza el plafón de las musas y el telón de boca del Teatro Heredia que, con la técnica de luz y sombra, muestra a Cartagena antigua en una alegría de colores con el homenaje floral a su ciudad nativa y en donde aparecen todos los monumentos y bustos erigidos en honor a los héroes y figuras públicas que engrandecieron el patrimonio histórico, político y cultural de la ciudad.

Es fácil comprobar la continuidad de su obra, sus figuras están exageradas desde el punto de vista de su volumen, siempre tienen unas manos desproporcionadas con relación al tamaño del cuerpo y, generalmente, aparecen revestidas de manera inusitada. Grau ama la farándula y el carnaval y por eso sólo excepcionalmente concibe al personaje sin los atavíos y tocados propios del mundo del disfraz. Con base en modas pretéritas, sombreros cursis o desactualizados y vestidos de las abuelas o trajes desacostumbrados, Grau transforma sus figuras y las convierte en modelos de fotógrafos desconocidos o en protagonistas de piezas teatrales inéditas.
 

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