Con Bautista Antonelli empiezan en Cartagena los proyectos abaluartados, Cristóbal de Roda, y su sobrino, es el ingeniero que pone en ejecución los proyectos, realizando, a partir de su nombramiento como Ingeniero Director en 1609, las primeras obras con la técnica de la Fortificación Permanente Abaluartada.
El plan de Antonelli consistía en lo siguiente:
A) Para la defensa de la Bahía
• Emplazar un fuerte en la “Punta de Icacos” y otro en la isla de Carex para controlar el acceso por el canal de Bocagrande, a la sazón el único para entrar a la bahía.
• Conservar el Fuerte del Boquerón ya construido en Manga; construir una batería en la Caleta, otra en el Caño de San Anastasio que comunica con la Ciénega del Ahorcado (hoy del Cabrero) y dos en esta última.
• La Canal de Bocachica sería defendida por navíos colocados en el interior de la bahía.
B) Para la defensa de la Plaza
Para proteger la plaza, Antonelli proyectó, según las autorizadas palabras de Zapatero “una sensacional traza de un recinto de murallas, baluartes revellines, contraguardias y fosos, cuyo análisis maravilla”. No quedó incluida en el plan la isla de Getsemaní, porque allí sólo existía el Convento de San Francisco y el Matadero. El proyecto de Antonelli quedó plasmado en el plano de la ciudad levantado por el ingeniero militar en 1595.
El recuerdo del ataque de Sir Francis Drake y su entrada por la avenida de Bocagrande y la Caleta provocan que los primeros trabajos de fortificación en piedra del recinto de la ciudad comiencen en el primitivo baluarte de San Felipe, que desde mediados del siglo XVIII pasa a llamarse de Santo Domingo, por su proximidad con el Convento.
Este baluarte fue modelo de las proporciones regladas por la Escuela Italiana de Fortificación. Durante las reformas del ingeniero Juan de Herrera y Sotomayor, desaparecieron las plazas bajas, pero subsisten, a ambos lados de la rampa, las bóvedas que le servían de acceso.
El conjunto fortificado formado por los baluartes de Santo Domingo, Santiago y La Cruz, es de lo más representativo de la Escuela de Fortificación Italiana
Fue Cristóbal de Roda el ejecutor, en buena parte, de la traza de su tío Bautista Antonelli. Desde 1609 hasta 1631, desempeñó la dirección de las fortificaciones de Cartagena, donde llegó para dirigir la construcción de los fuertes que había proyectado el comendador Tiburcio Spanoqui, luego de haber realizado trabajos en La Habana, Portobelo, Río Chagres y Panamá.
Roda modifica el trazado de Antonelli ampliando el perímetro de la muralla, pues el terreno que se pretendía dejar por fuera era el más alto de la ciudad y en él había mucha población, monasterio de frailes y buenas edificaciones. La Junta de Guerra aceptó la propuesta de Roda, aunque proponiendo al Rey que se acometiera primero el fuerte proyectado por Tiburcio Spanoqui en la Punta de Judío.
Bajo la dirección de Roda, se completó el cerco de murallas y baluartes del primer núcleo urbano con excepción de la muralla de la Marina varias veces destruida por los “nortes”, no obstante haberla dejado bastante adelantada.
Si hasta ese momento las fortalezas de Cartagena habían sido un reflejo de la influencia italiana, desde la llegada a la ciudad del gobernador Don Francisco de Murga, en 1629, se impondrían las influencias flamencas en el arte de fortificar. Murga, notable ingeniero militar que permanecería en Cartagena hasta 1634 venía procedente de los Países Bajos, donde había aprendido las nuevas ideas de construir estructuras de defensa delante de los frentes de muralla vulnerables para impedir, o al menos retrasar, el acercamiento del enemigo. Comienza entonces el período denominado Barroco Militar, que entra en conflicto con los rígidos principios de la Escuela Italiana de Don Cristóbal de Roda relegado por eso al olvido.
La isla de Getsemaní, situada enfrente del primer núcleo urbano, era el paso obligado para la comunicación de éste con tierra firme. Estaba unida a ésta y a la ciudad por sendos y rudimentarios puentes. Aunque en tiempos de Antonelli apenas se encontraba poblada, a comienzos del siglo XVII se fue desarrollando de tal forma que obligó a considerarla como zona de riesgo y, por tanto, surgieron sus primeras murallas. En 1631 el gobernador Don Francisco de Murga inicia las primeras obras en el baluarte de El Reducto. Durante los dos años siguientes se construyó en el arrabal una muralla de ocho metros de altura con sus respectivos baluartes que lo rodeaba en todo su contorno exterior y es, la que con algunas modificaciones la que ha llegado hasta nuestros días.
El primitivo puente que unía a Getsemaní con tierra firme fue modificado en 1631 por Murga con una muralla curva a la que denominó “Media Luna”. En la parte central del paso construyó una tenaza que defendía la puerta de entrada con criterio de fortificación avanzada. El paso se encontraba defendido, además, por tres fosos de agua.
Asesoria de proyectos: Culturales, museológicos y archivísticos.
"Al día con el patrimonio” es una actividad para los docentes y debe realizarse 7 días antes de la visita en los siguientes horarios: Martes y jueves 9:00 am. - 3:00 pm.